Yo tengo otros datos

DANIEL LÓPEZ HERRERA

 

Breve crónica de la decadencia de la verdad y una disputa por ver quién tiene los datos correctos.

Los riesgos y problemas surgen por todos los frentes. El desencanto por la democracia se agrava cada día por la corrupción, la falta de resultados de los gobiernos para crear condiciones básicas de bienestar y una profunda fragmentación de la sociedad en múltiples identidades, entre muchas otras situaciones.

 

Se nos ha enseñado que la verdad viene acompañada de hechos, estadísticas, cifras, análisis y algoritmos. “Acompaña tus opiniones con argumentos”, esa siempre ha sido la premisa. Pero qué pasa cuando vemos una discrepancia de opiniones entre el Presidente de nuestro país y alguna institución pública, ¿a quién le creemos?

 

La decadencia de la verdad es un fenómeno reciente, propio del Siglo XXI, en el cual convergen distintas situaciones que lo originan:

 

  • La manipulación de las estadísticas para mostrar una realidad a modo.
  • La posverdad o fake news que inundan las redes sociales.
  • La falta de credibilidad en las instituciones, autoridades y líderes de opinión.
  • La brecha de comunicación y entendimiento entre los expertos o la comunidad científica y el ciudadano común.
  • La fatiga mental y física de la mayor parte de la población que, sobrepasada por la complejidad y caos de la vida diaria moderna, no tiene ni las ganas ni la energía para realizar un juicio crítico de la información que recibe.

Ilustración u oscurantismo

Como muchos ciudadanos en este país, busco información en fuentes confiables e institucionales. Trato de basar mi criterio en datos, estadísticas y cifras, pero ¿qué pasa cuándo las fuentes con el suficiente capital institucional discrepan y se desacreditan una a la otra? Este nuevo gobierno ha puesto en entredicho la información de instituciones como el IMSS, respecto al número de personas empleadas y desempleadas, al periodista Jorge Ramos respecto a las alarmantes cifras de asesinatos en México, a las calificaciones respecto a México y Pemex que han emitido Moody’s y Fitch, solo por nombrar algunas. Nuestras autoridades pudieran tener razón, no obstante, alejándonos del problema de quién posee la verdad, tenemos que hacer frente a este problema que amenaza con crear toda una anarquía comunicativa y desencadenar una época de oscurantismo, llena de sospecha, intriga, manipulación y escepticismo.

 

Al parecer, las estadísticas ya no representan la complejidad de la sociedad moderna. Gran parte de estas son generadas a partir de censos, consultas y encuestas, con metodologías que pueden tener sesgos derivados de múltiples razones. Es de risa encontrarnos en la red artículos que mencionan que investigadores de la Universidad Pedagógica del Meme manifiestan que pasar 5 horas diarias en Whastapp hacen tu vida más feliz, mientras que otros investigadores de la Escuela Nacional de las Redes Sociales al Servicio de la Iglesia manifiestan que es causa de depresión, ansiedad y aislamiento.

 

Muchas personas, maestros, investigadores, profesionistas, utilizan las estadísticas como referente para tomar decisiones, qué decir de los políticos que las emplean para la generación de políticas públicas. ¿Qué pasa si están mal? ¿Si no son correctas? ¿Qué pasa si cada vez trasladamos la verdad de los hechos hacia la verdad de las opiniones?

 

Los efectos de esta problemáticas aún no terminan por manifestarse completamente, no obstante a continuación enlisto algunas recomendaciones para no caer presa de esta situación:

 

  • Incorporación de las TICs para generar información a partir del big data, midiendo comportamientos, situaciones o acciones en tiempo real, esto en sustitución de las encuestas.
  • Romper con los protocolos no escritos de la comunidad científica y de los expertos. Su deber es democratizar el conocimiento, comunicar sus resultados en un lenguaje sencillo y cercano. Generalmente el científico le habla al científico en un lenguaje altamente tecnificado y complejo para la persona común.
  • Incorporar en los planes educativos competencias necesarias para afrontar esta realidad.
  • ¡Odio la burocracia! Pero la regulación se hace necesaria cuando una situación se sale de control y los costos sociales son peligrosos. En este sentido, cualquier cifra “oficial” o estadística relativa a variables sociodemográficas o económicas emitidas por una autoridad gubernamental deberán ir revisadas o avaladas por un tercero especializado en la materia. ¿Cuántos Informes de Gobierno o reportes de rendición de resultados no nos han presentado y que están llenos de trucos, simulaciones y maquillajes?
  • Dudar de todas las publicaciones en redes sociales que han sido ampliamente replicadas y compartidas. Estos espacios son utilizados como “cajas de resonancia” o “ecos” por grupos o personas con intereses oscuros de manipulación informativa para posicionar temas ajenos a la veracidad y beneficio colectivo.

 

A la par de la preocupación por las problemáticas tradicionales que han aquejado a la población de este país, ahora tenemos un gran peligro al cual enfrentarnos: el mantenernos vigilantes y expectantes del entorno para no caer presa de la manipulación más sofisticada que jamás había existido. A las múltiples decadencias conocidas, súmele una más, la decadencia de la verdad.

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